El Sueño de África

Estas son unas breves notas de un viaje de caza a África, un safari en Namibia, de unos amigos que había soñado desde siempre con el imposible de despertar en África. Todos reservaremos en nuestra memoria un lugar importante para esos días en los que la luz, el olor, el viento en nuestras caras y la enorme abundancia de vida, dejaron una huella indeleble en nuestras almas de cazadores y de hombres. Como cazador viví la pasión de dedicar de 12 a 16 horas cada día a cazar, a ver la fauna, a respirar la oportunidad de vivir aquel momento, a abordar el acecho, el aguardo, el pisteo, vibrando en cada lance, sudando de pura emoción, viviendo desvelado las vigilias esperando la salida del sol arrullado por los mil sonidos de la noche. Pensé en mi familia, en mi esposa y en mi hija, en cómo se lo iba a contar todo, y me acordaba de mi arco. Mi arco dormido en España al que le negué este viaje. Como hombre, la reflexión sobre la vida, su origen y conservación, la dignidad del hombre ante la adversidad y su ridícula pequeñez ante la enormidad de un lugar donde nos hicimos cazadores y con ello humanos.

¿Por qué África como destino?

Tengo que aclarar que no me considero un “pureta” pero sí que deploro y me niego a practicar la caza con ventajas innecesarias. Ello me lleva a no cazar en fincas cercadas, sobre especies introducidas o exóticas, no ir a sueltas ni cazar animales de “plástico”. Para mi cazar es mucho más que matar; es ponerme en el sitio de la pieza e intentar ganarle la partida.

Digo esto porque dudé largo tiempo ir a África de caza. He leído a los clásicos de la caza africana (Boddington, Pallejá, Heminway, Tatay, Pondoro, etc.). Tengo y tenía la idea de cómo era la caza en el Continente Negro. Las lecturas y comentarios de cazadores recientes, de enormes homenajes, de cazas concentradas, en fincas cercadas, domeñadas, más o menos grandes, de especies tan dispares e imposibles como órix, sable y waterbuck me hacían rechazar la posibilidad de irme allí de caza. Pero por otro lado es tal el influjo que aquellas lecturas de mi infancia (Del monte Kenia a El Cabo, Al sur del Lago Chad, Las nieves del Kilimanjaro o White hunter, etc) que no pude resistirlo.

Debo decir que fue gracias a los comentarios de un colega y amigo, un hombre curtido en mil viajes de caza por todo el mundo, que me decidí a dar el gran paso. Me aseguró que en Namibia, y con alguna persona concreta, era posible plantearse si no un Safari como los de antes sí algo natural y limpio a la par que económico. Así contacté con Fredy, un gran personaje en todos los sentidos, y le comenté mi idea: quería combinar caza y conocer algo de su país, ver la naturaleza y cazar, pero sólo especies nativas en lugares donde no se practicase el “ranching”.

Esto del ranching consiste en que hay fincas denominadas “game farms” o granjas de caza, en las que se cría o repuebla con animales criados expresamente para ser cazados. En muchas ocasiones los animales ni han nacido en la granja, sino que proceden de otras, a veces tan alejadas que son incluso de otros países. En otras la diferencia es tan sólo una cerca que ellos, ignorantes de su destino se empeñan inútilmente en cruzar. Así es posible que en una hora se pueda cazar un waterbuck o antílope de agua, propio de zonas riparias, y un orix, propio del desierto de Namib y Kalahari. En condiciones naturales es absolutamente imposible. Llegan estas granjas a adquirir leones viejos a los zoológicos y circos para que un turista se dé el homenaje de hacerse con el pellejo de un viejo león de melena. Huelga decir que esto me horroriza.

Así las cosas Fredy me aseguró que no había problema que era posible. Cazaríamos con las mínimas ventajas, en fincas cuyas cercas no sobrepasasen el metro de altura y sólo sirvieran para contener al ganado.

En Namibia la mayoría del territorio tiene algún aprovechamiento ganadero con vacas cruzadas de cebú, ovejas de razas nativas como la Damara, y cabras. Pero es una ganadería poco eficiente por la carencia de agua. Las especies locales de rumiantes son por el contrario muy eficientes en el uso de los recursos, pudiendo soportar -sobre todo el orix y springbok- la enorme sequía de aquel territorio.

Otra gran cosa del planteamiento de este viaje es que me sacudí de encima a cualquier intermediario, tanto en la gestión de los billetes de avión como en la compra del paquete de caza. Aún es posible obtener mejoras, pero eso lo acaba dando la experiencia. De este modo conseguí para mi y un par de amigos un safari bastante asequible, y lo que es mejor, con una nivel de calidad excepcional.

Decía al principio que no me llevé el arco… pues cometí un enorme error. Y no me lo llevé porque no quería caer en la trampa de los atajos. No quería ir a un blind horas y horas, esperando a que un kudu viniera a comer alfalfa a mis pies o pensar que el faco estuviera medio domesticado cuando le fuera a soltar la flecha. No sé… después de algunos comentarios y de muchos de los videos que he visto de África se me ponían los pelos crespos. ¡Y eso que algún amigo no callaba de incitarme a echar el arco! En su lugar me llevé mi rifle y una vieja escopeta paralela curtida en mil batallas.

Toda una experiencia: La magia de África.

La experiencia ha sido… uff… difícil de explicar. Supongo que más de uno ya ha estado allí y habrá visto de todo o casi de todo, pero para mi ha sido un sueño… El sueño de África (jejeje… otro libro sobre África leído, éste de Javier Reverte).

He tenido la fortuna de poder ver leones, leones de verdad. De verlos cazando un spingbok a unos 30 metros de mi posición y luego comérselo mientras otros 8 leones, entre cachorros y adultos se solazaban a nuestro alrededor.

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He vivido la magia de la luz en el Veld en la zona central del Namibia, en el desierto del Namib y en las zonas de sabana próximas al Kalahari.

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He podido ver la enorme diversidad que es capaz de albergar un paisaje árido, en el que el agua es un tesoro.

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He podido oir y ver la magnificencia de un mundo que creía imposible y condenado a la TV.

Los he visto muy de cerca, salvajes, enormes, poderosos.


He visto la enorme desolación del desierto, la vida sin agua, he sentido el temor a la soledad, la nausea al vacío. Pero también e visto como surge la vida, como palpita en sus arenas.

Y hemos podido cazar animales libres, esquivos, difíciles a pesar de abundantes.

Facocheros, sólo machos, escasos y muy, pero muy listos. Los machos tenían usía.

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Al animal más orgulloso de África: el kudu.

Al más duro y listo aunque abundante: el orix. De nuevo sólo machos.

A algunos de los más pequeños y graciles como steenbok y duiker. Creo que son ambas especies muy adecuadas para el desafío del arco.

Hubo más -hartebeest, springbok, cebra, gato salvaje, gallinas de guinea, ortegas, cordornices, francolines, tórtolas- pero no os aburro.

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Una vez allí y con la serenidad de haber visto lo que vi, siento no haber llevado mi arco recurvado. La caza menor -conejo, liebres, gallinas de guinea, francolines y tórtolas- son cazables tanto en recechos como en aguardos. Con un guía bueno -como el boer que me acompañó, que era también arquero- es posible afrontar recechos en los que nos coloquemos a 30 metros de un orix – cacé el orix a unos 20 metros después de un rececho de infarto- o un kudu. En las esperas, sabiendo plantearlas creo que no es difícil poder disparar a un faco -si uno no es muy selectivo, eso sí- a 10 metros (el mio lo cacé a esa distancia más o menos). Como dije, steenbok y duiker, recechando despacio por el “bush” no es complicado situarse a menos de 15 metros.

Veo mucho más difícil poder tirar a un springbok o un hartebeest sin utilizar un blind y alguna forma de atraerlos. Los encontré recelosos y esquivos. Siempre en rebaños y al final son muchos los ojos vigilantes.africa_15

Apuntes sobre detalles de la caza en Namibia.

Muchos piensan que en el sur de África sólo se caza desde un coche, allí llamados “truck”. El Veldt es complicado. Todo pincha y ver a distancias de más de 200 metros es casi imposible. De ahí que te veas en la necesidad de utilizar esos vehículos. El problema es que a África se suele ir ya con cierta edad y en esto del arco, a pesar de vender que es un desafío, hay mucha gente que quiere facilidad. Creo que África da abundancia, eso quiere decir oportunidades, facilidad es otra cosa. El asunto es dejar claro que te quieres bajar y cazar a pie. Ellos saben hacerlo y lo hacen muy bien. Es muy curiosa la reacción de los orix o los hartebeest ¡Ellos son los que te intentan caza a ti! Desde que te ven su huida consiste en ganarte en aire, colocarse a tu espalda. Se saben así más seguros. Por eso la técnica de caza a pie es distinta a la que normalmente afrontamos aquí. Evitar el ruido es casi imposible. Se trata más de atajarlos en su ruta trazando un arco inverso a su avance.

Es posible cazar con auténticos bushmen. Me relataba Werner, el hijo de Fredy y también PH, una anécdota. Estaban en el Kalahari intentando cazar leopardo y eland. Charlaban con el cliente sobre lo complicado que era aproximarse en ese medio a la fauna. Mientras el bushman que les acompañaba permanecía como ausente. Fredy le tradujo la conversación y le preguntó su opinión. En esa zona del Kalahari domina la vegetación el camel thorn tree, una especie de acacia con enormes espinas que vertebra la alimentación de buena parte de la fauna. Es un árbol cuya hoja alimenta entre otros al duende gris del bush: el kudu.

Aquel pequeño bushman decidió que aquellos blancos necesitaban una lección. Se levantó, pidió Fredy y al turista que le acompañasen. Se asomaron a un alto y otearon hasta ver un macho solitario de kudu. cuando lo vió el bushman se despojó de lo poco de ropa que llevaba, tomó una navaja roñosa, desgastada de mil veces afilada, y se introdujo en el bush, descalzo y en pelota picada. Al poco Fredy vio al kudu pegar un respingo y arrear a correr. El turista se sonrió; el bushman se había tirado un farol. El pequeño hombre del bosque apareció como por ensalmo, serio como son ellos, en su mano derecha la navaja abierta y en la izquierda el rabo del kudu.

Por cierto, estuve viendo arcos y flechas de los bushmen. Son como de risa. Los arcos diminutos y las flechas muy rústicas. Cazan por aproximación, ahí no hay un tiro rígido posible a más de 8 ó 10 metros, incluso menos. ¡si oyeran nuestras cavilaciones sobre IBO, ftps, etc!

Los animales del bush tienen auténticas corazas para poder vivir entre tanta espina. ¿Cómo es posible abatir un orix o un eland con un arco de juguete? La solución es la raíz de la moringa. Su savia es altamente tóxica, un veneno neurotóxico mortal a dosis bajas. Con ello impregnan las puntas de caza. una leve herida en cualquier parte del cuerpo ocasiona la muerte de la pieza. Luego cortan algo de la carne de alrededor, la desechan y se comen el resto.

Los Bushmen nunca cazan piezas grandes, salvo con ocasión de fiestas y convites. Sus presas habituales son el steenbok y el duiker. Raramente cazan un eland que pesa 700 kg. Es un desperdicio. Nunca cazan nada que no se vayan a comer. Son maestros insuperables en el seguimiento de huellas.

Para la caza del leopardo por lo visto no hay nada como un bushman y dos o tres perrillos. El pequeño hombre del bosque sigue la huella del gato. Si el gato de percata o ha vivido esto antes será él el que empiece a cazar, de ahí que sea importante finalizar con éxito el lance. Cuando el bushman sabe- y nadie sabe el porqué- que el leopardo está cerca suelta a los perrillos que pronto acosan e inmovilizan al gato. Es momento de correr como un poseso. El tiro no es difícil, tan sólo contener los nervios.

Otra cosa interesante de estos hombrecillos. Su organización social es muy elemental: un núcleo familiar con dos o tres hombres cuatro o cinco mujeres y algunos chiquillos. Estos son su mayor riqueza. De ahí que las armas, en especial las flechas nunca estén cerca de donde ellos viven. Permanecen escondidas, por lo general colgadas de algún árbol alejadas del punto en que en ese momento estén viviendo.

La lástima es que los Bushmen se mueren. El gobierno de Bostwana, donde vive la mayoría limitó en el pasado de forma severa sus derechos de caza en el Kalahari. Parece que ahora se ha replanteado el problema, para muchos no hay marcha atrás. Muchos se entregaron a una vida impropia y occidental. Acabaron en el abismo del alcohol que devora a África, el VIH y el olvido de las viejas tradiciones. Sabe mal ver a un pequeño hombre del matorral vistiendo un uniforme de camarero rodeado de enormes matebeles. Diez o quince años han hecho un mal enorme que ni siquiera las sucesivas invasiones bantúes habían logrado. Una lástima.

África ha sido una revelación, no sólo por la caza sino por la vida, por la forma de vida de los hombres y por la abundancia de su fauna. Un sueño. El sueño de África.

Stag

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